Emplazada a orillas del río Aar, el cual cuenta con ocho puentes que permiten su cruce, la ciudad de Berna como capital de Suiza y sede del gobierno es un centro administrativo, que sin embargo cuenta con una serie de magníficos atractivos para visitar, casi todos ubicados en la Ciudad Vieja de Berna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1.983.

Según su historia, la ciudad fue fundada en 1.191 por el duque Bertoldo V de Zähringen, quien tras haber vencido a un oso (bär en alemán) le habría dado el nombre de Berna a la ciudad, y es por ello que en su Escudo Heráldico puede verse la figura de este animal. Luego, en 1353, Berna fue la octava ciudad en unirse a la Confederación Helvética. Durante esa época su planta urbana era prácticamente de madera, con lo cual la ciudad no escapaba a los frecuentes incendios que se producían, devastando gran parte de la ciudad. 

Fue entonces que en el gran incendio que sufrió en 1.405, cuando se decidió una reconstrucción en piedra, y es lo que hoy podemos apreciar  al recorrer su casco antiguo. Desde el medioevo, Berna practicaba una política de expansión, controlando gran parte del centro de Suiza, donde su importancia y ubicación facilitaron que en 1.848 la ciudad quedase como capital de la Confederación Helvética.

El poder visitar Berna durante un viaje a Suiza es realmente todo un deleite, donde los viajeros podrán disfrutar a cada paso de bellísimos atractivos, con jardines y parques por donde pasear, y algo que seguramente llamará la atención del visitante sean sus fuentes, con gran cantidad y de todos los tamaños esparcidas por toda la ciudad, y que sirven de pedestales a graciosas esculturas. Pequeñas plazas rodeadas de arquitecturas uniformes surgen inesperadamente en el caso histórico de la ciudad vieja, con arcadas compuestas de armoniosos pórticos creando uno de los rincones más sugestivos de Berna.

En la ciudad vieja, la Fuente de Ballesteros con una elegante taza curvilínea, con un pedestal que lanza chorros de agua por la boca de cuatro mascaras de bronce, sobre el que se apoya la figura del Abanderado de los Ballesteros. Por su parte, la Torre del Reloj del siglo XI, fue emplazada como puerta de la ciudad, aunque su aspecto actual corresponde al siglo XIX, con un interesante reloj astronómico que se activa a cada hora, dejando ver unas figuras que aparecen por una abertura cuadrangular.

El paisaje urbano de Berna difiere de las demás ciudades dada su función gubernamental, así grandes y severos edificios ministeriales ocupan importantes predios rodeados por áreas con bellísimos parques. La Catedral Gótica de Berna, el edificio religioso más alto de Suiza, sobresale del resto de los edificios, por su altísima torre campanario de más de 100 metros de altura. El edificio es una iglesia típica del Gótico Tardío centro europeo que sigue el modelo de Ulm en Alemania.

Como curiosidad, la Fosa del Oso, otro de los atractivos que no hay que dejar de visitar, conserva una familia de osos, que es el símbolo heráldico de los berneses.

Además de su patrimonio arquitectónico, Berna cuenta con gran cantidad de museos donde los viajeros podrán seguir disfrutando del paseo cultural y así poder apreciar las obras de varios artistas plásticos europeos. En Berna también hay variedad de comercios, desde boutiques de moda, locales donde comprar antigüedades,  tabaquerías, grandes almacenes, confiterías, restaurantes, cafés, etc. Con toda un área de mas de 6km, constituyendo uno de los paseos de compras más extensos de Europa.

fotos Kookooka

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