El centro histórico de la ciudad de México, sin lugar a dudas que guarda muchos tesoros arquitectónicos y culturales para conocer, entre ellos la bellísima Catedral Metropolitana dedicada a la Asunción de la Virgen María y la iglesia principal de la Arquidiócesis Primada de México.

Este templo catedralicio se extiende orgulloso ocupando un amplio espacio de la Plaza del Zócalo, abarcando unos 110 metros de largo por 55 metros de ancho, superficie que lo convierte en el mayor de este país y en la iglesia más grande que España levantó en América.  El lugar que ocupa este atractivo religioso antes fue por un pequeño templo azteca dedicado a Xipe o quizá por el templo de Quetzalcóatl, un templo dedicado al sol y otras edificaciones menores.

La Catedral Metropolitana comenzó a ser construida en 1.563, y las obras para cimentar la estructura demandaron nada ni nada menos que más de 20años, ya que el suelo donde debía ser construida era muy cenagoso. En esta ardua tarea fue necesaria la mano de obra indígena por su valiosa experiencia en este tipo de terrenos. Fueron más de tres siglos que duró su construcción que recién estuvo concluida en 1.813.

La fachada de la Catedral Metropolitana es de estilo Renacentista español, aún cuando a lo largo de su construcción también se aplicaron otros estilos. Así, en su portada y ventanas puede apreciarse el Plateresco, mientras que en los adornos de la sobrepuerta se destacan características del Barroco.

El interior esta dividido en cinco naves, con retablos Barrocos, aportes del Plateresco, del mismo modo que la magnífica sillería del coro y las 16 capillas. Entre ellas se destaca la de los Reyes ubicada en el centro del testero. Por su parte, el retablo es una obra maestra del barroco, construido en 1.725.

Anexo a la Catedral, el Sagrario Metropolitano es una gran obra del arquitecto Lorenzo Rodríguez, oriundo de Cádiz, quien lo diseñó como una dependencia del Arzobispado para que funcionara como archivo. El mismo de trata de una magnífica portada-retablo, realizada en piedra volcánica de color carmesí llamada “tezontle”, donde ningún espacio ha quedado sin cubrir.

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