Sin lugar a dudas, que desde que se abrió al turismo desde hace más de 10 años, el Tíbet ha recibido a millones de viajeros. Muchos atraídos por sus imponentes paisajes a miles de metros de altura, otros buscando conocer un poco de los secretos que guarda, en fin…

Xizang mas conocido como el Tíbet es una región autónoma, con montañas y mesetas que se desarrolla hacia el sudoeste de China, en una remota área de la soberbia Cordillera Himalaya.

Alberga modos de vida muy particulares, donde todavía hay nativos que conservan su vida nómada como hace muchos años, viajando de un lado a otro con sus rebaños de yaks, animal muy preciado por los tibetanos para su subsistencia, ya que utilizan su carne, leche, además, de su cuero y en la agricultura. La religión es el budismo lamaísta, practicado por la mayoría de la población.

La capital de ésta tierra de magia y monasterios es Lhasa, la sede más importante del budismo lamaísta; y como tal, es una ciudad santa, con templos y monasterios por doquier. Muy importantes como El Potala que fue residencia de los Dalai Lama, y el cual constituye la visita obligada para todo viajero que arribe a la capital tibetana.

El circuito turístico en Lhasa depara sin lugar a dudas varios atractivos, como el Monasterio de Jokang, donde son expuestas mas de 300 estatuas, entre ellas la de Buda realizada en cobre y oro. La arquitectura es ecléctica, habiendo estructuras de madera estilo tibetano, y otros elementos que recuerdan la vecindad de Nepal, India y China.

En la zona antigua de Lhasa el mercado y la zona del Barkor, donde se pueden encontrar todo tipo de objetos. El valle de Yarlung, donde se localiza Lhasa, ofrece sitios a visitar orientados al este y sur de la ciudad, que por su cercanía resultan bastante accesibles.

Los Monasterios Ganden y Samye están a unos 60km aproximadamente. El primero es un monasterio levantado a 4.500 metros de altitud en el año 1.409 por una de las sectas reformistas cuyo color simbólico origino su nombre “sombreros amarillos” Éste centro de peregrinaje guarda una serie de elementos rituales que junto a la arquitectura resulta una visita muy interesante.

El Monasterio de Samye surge como fiel exponente del estilo tibetano, un verdadero compendio de los aportes culturales del Asia Central. Es el templo budista más antiguo del Tíbet, construido a fines del siglo VIII, fundado por Padmasambhava. El camino recorre una región cargada de alegorías, stupas y tankas. También es posible observar las rocas de oraciones; éstas son piedras ordenadas a la vera de los caminos escritas con caracteres de origen sánscrito. Recuerdan al peregrino las mantras o plegarias que ayudan a meditar.

Los atractivos culturales de la región, suman lugares de increíble belleza, donde la montaña asume protagonismo. Uno de los viajes mas hermosos es el que une Lhasa con Xigatze la segunda ciudad más importante del Tíbet, a través de una carretera, quizás la más alta del mundo. Desde allí se accede al valle del Yarlung-Zangho, cuyo camino parece suspendido en las alturas, y con una vista inolvidable que nos ofrece el lago Zangho, una experiencia única conocer algunos lagos del Himalaya, y la población de Gyantze, dominada por una antigua fortaleza. El sitio constituye un enclave para apreciar el arte del Tíbet.

El trayecto de unos 360km lleva una larga jornada, para finalmente arribar a Xigatze, donde se localiza desde el siglo XV el Monasterio de Dashilumpo. Éste alberga las pagodas funerarias de los Panchen Lamas, jerarquizados sacerdotes; además, el sitio aloja a la comunidad monástica más importante en la actualidad política del Tíbet. Allí es posible verlos realizando sus tareas cotidianas y dedicados a sus plegarias, en medio de sonidos de trompetas y campanas.

Los senderos que transitan las peregrinaciones resultan casi mágicos, basados en un ambiente cargado de espiritualidad y magníficos panoramas, y donde no tenemos que sorprendernos cuando éstas personas, muchos adentrados en años, nos pasan en nuestro recorrido, ya que están muy acostumbrados a caminar con esta alturas.

Además, desde Xigatze se realizan expediciones a la montaña acompañadas por guías especializados, muchas de ellas sólo reservadas a escaladores experimentados, siendo el recorrido mas pedido el que llega hasta la base del coloso del mundo, el Monte Everest, desde donde surge imponente su ladera septentrional.

En medio del majestuoso entorno, envuelto en el silencio, sólo interrumpido por el silbido del viento, se encuentra el Monasterio de Rongbuk fundado en 1.902. La ruta a seguir es la misma que abrieron los integrantes de la malograda expedición británica de 1.924 a la conquista del Everest con Irving y Mallory.

Tanto al oeste de Xigatze como al oriente, el viajero debe estar predispuesto a recorrer caminos difíciles, solitarios y lentos. Alejados de los escasos centros habitados, donde surge un paisaje agreste y desolado, éste es el Tíbet profundo.

Al oriente el camino trepa para ingresar a la provincia de Sichuan, cerca del área de frontera, se descubren parajes muy bellos entre valles ocupados por bosques, por donde se desplazan veloces y con poderosos caudales el Yang Tse y el Saluén. Territorio donde habita el panda gigante.

Hacia occidente, donde China se encuentra con la India y Nepal, la Cordillera del Himalaya presenta pasos muy altos, que superan los 5.000 metros. En medio de un entorno imponente resplandece un lago de aguas turquesas; es el Manasarovar de la religión hinduista, el agua sagrada que alimenta al Ganges.

Ligeramente ubicado al noroeste, el monte Kaylas origina cuatro ríos, que iran sorteando la difícil geografía para luego fertilizar las tierras de las grandes llanuras del sur; Indo, Sutlej, Brahmaputra y Karnali. El sitio es objeto de veneración para el universo religioso de India y China, donde budistas e hinduístas recorren el camino postrándose repetidas veces antes de llegar a destino. El tema es que aquí tiene su trono Shiva, asistido por su esposa, la diosa Parvati del Himalaya. Los budistas por su parte suponen que un monje piadoso trepó hasta las alturas y al arrojarse de un intrépido salto al vacío, quedó la huella de su pie izquierdo para siempre en la montaña.

Para la geografía, el lugar ha sido meta de fatigosas exploraciones iniciadas en los albores del siglo XX, que descubrieron de que modo los cuatro ríos discurrían trabajosamente entre cordilleras. Tres días de difícil caminata son necesarios para cubrir los 50km desde la pequeña población de Darchen. El viento implacable, la lluvia y la nieve, no son tenidos en cuenta por los peregrinos, que lo hacen en silencio junto a los porteadores, postrándose numerosas veces, orando hasta llegar al lugar sagrado.

Lo cierto es que el Monte Kaylas surge envuelto entre la realidad y la leyenda. Centro del universo, origen del mundo. Soberbio en su mole invadida por la nieve y el exceso de luz, ejerce magnetismo como desde hace siglos a miles de viajeros que llegan por turismo y a peregrinos, que han desafiado la abrupta naturaleza sólo para contemplarlo.

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