Jaipur: la ciudad rosa de la India
Una joya esculpida en el desierto de Rajasthan, un destino único donde se manifiesta el espíritu propio de la India. Jaipur, fundada en el año 1.728 por el Maharajá Jai Singh, es la capital del estado de Rajasthan, situado al noroeste de Nueva Delhi, muy cerca de Pakistán.
Se trata de una ciudad real, rodeada por una muralla contínua con siete puertas fortificadas por donde se ingresa. Sus avenidas son anchas superando los 30 metros, ayudando de ésta forma a delimitar los barrios de los gremios que responden a la división social de castas, como el de los tejidos, de las flores, de los joyeros, y muchos más.
Al recorrer la ciudad se puede ver a los hombres que usan turbantes anudados según la región, y las mujeres con adornos de pulseras anchas y joyas en la nariz. La ciudad fue tan bien planificada en el siglo XVIII que parece una ciudad moderna, orientada al norte-noroeste, donde moran los dioses.
Jaipur es llamada la ciudad rosa, puesto que en su construcción se empleó estuco rosado imitando la arenisca y, además, durante la visita del príncipe de Gales en 1.905 fue pintada de color rosa nuevamente por orden del Rajá Ram Singh para dar la bienvenida en forma oficial. La parte antigua se asemeja a una ciudad medieval, con una gran muralla y a la vez defendida por fortalezas, rodeada de montañas.
En un paseo por la ciudad podremos conocer varios atractivos, entre ellos el Palacio de la Ciudad que ocupa una gran superficie y es lo más importante en el interior de la muralla. Conformado por patios y edificios que conserva en el sector central el Museo del Palacio, construido en 1.793 y resulta la síntesis mas lograda de los estilos hindú y mongol. Las bóvedas están cubiertas de diminutos espejos, hay elefantes de tamaño natural realizados en mármol, puertas enchapadas en oro y pavos reales esmaltados.
Otro atractivo es el hermoso Palacio de Bienvenida que fue usado como casa de huéspedes, con Armería y sus colecciones de armas caballerescas, con adornos en vainas y empuñaduras, etc, catalogada como la mejor colección del país. Además, aloja al Museo del Vestido que expone lujosos atuendos en sedas bordadas.
El Palacio de la Luna, residencia privada del Rajá, y en el cual sólo se puede acceder al primer piso, está compuesto por siete plantas, con techos dorados y numerosas aberturas con incrustaciones de marfil. Al lado de todo el conjunto hay un sector de apariencia curiosa; se trata de Jantar Mantar, un observatorio que perteneció a Jai Singh, fundador de la ciudad. Éste elemento nos muestra la hora solar, la posición de los planetas y demás…Aquí el monarca realizaba observaciones astronómicas y cálculos para medir el tiempo.
Esta actividad tomó especial interés hacia el siglo XV, derivada del prestigio que adquirió la astrología, que junto a la astronomía, representaba el saber de las mentes esclarecidas; fue por eso que el Rajá de Jaipur cumplió una labor meritoria que lo acreditó entre los poderosos de la época.
La plaza que hoy ocupa la ciudad, rebozó actividad desde los primeros tiempos, con el murmullo de los bazares y comerciantes, la calle fue siempre una muestra interesante que reflejaba este acontecer. En 1.799 comenzó la construcción del Palacio Hawa Mahal o Palacio de los Vientos, que es una suma de numerosos miradores alveolados, cubiertos de celosías trabajadas a manera de fino encaje. Desde aquí las mujeres del sultán podían observar las procesiones y la actividad de las calles sin temor a ser descubiertas. La fachada tiene forma de una pirámide escalonada, distribuida en siete plantas y los pisos superiores no tienen nada detrás, sólo se encuentra el aire y el vacío.
El norte de la ciudad es típicamente feudal, donde los viajeros pueden alojarse en fortalezas que han sido refaccionadas para tal fin. Aquí lo tradicional son los paseos en camellos, como forma de anuncio del gran desierto cercano, y sin lugar a dudas, Jaipur representa todo aquello que los turistas esperan ver en la India.




















