Martinica: la Isla de las Flores en el Caribe

La isla de Martinica perteneciente a las Pequeñas Antillas Francesas es la más grande del grupo de islas denominadas de Barlovento en el Caribe. Es de origen volcánico y montañosa, y como todas las islas caribeñas es ideal para que turistas y viajeros puedan disfrutar y descansar en sus espléndidas playas de arenas blancas, relajarse bajo el sol del Caribe, o bien, realizar todo tipo de actividades acuáticas; como buceo, natación, pesca, recorrer los arrecifes, manantiales de aguas termales. Hacer turismo de aventura explorando terrenos montañosos, la selva tropical y otras áreas. 

Martinica ocupa una superficie de 1.100 km2, fue descubierta por Colón aunque no llegó a colonizarla, sino que fueron los franceses cuando desembarcaron en la isla en 1.615; rápidamente organizaron plantaciones azucareras con esclavos de africanos. Hacia 1.650, Martinica llegó a ser la productora más importante de azúcar y de ron en el Caribe.

Los arawcanos la llamaron Mandinina, que significa “Isla de las Flores”, por tanto para aquellos viajeros que la visiten no sólo va a ser un paraíso de sol y playas, sino también un paraíso de bellísimas flores. El volcán más importante y el que se destaca es el Monte Pelée de casi 1.500 metros, es el que provocó un gran desastre en 1902, cuando entró en erupción destruyendo la ciudad colonial de St Pierre y lugares cercanos donde murieron casi 30.000 personas.

Cuando la isla comenzó a reorganizarse luego de la catástrofe volcánica, lo hizo a través de las plantaciones de caña de azúcar y plátanos. Después de la Segunda Guerra Mundial el turismo comenzó a desarrollarse en Martinica constituyendo en la actualidad la actividad económica más relevante, junto a la tradicional agricultura de plantación.

Su capital es Fort-de-France, la ciudad con mayor población y principal puerto de esta isla caribeña, y donde se puede apreciar el mejor estilo parisiense como la moda, costumbres, automóviles, el arte y la cultura de Francia. Saliendo de Fort-de-France hacia el noroeste, se aprecian las villas de pescadores, de marineros, jardines con animales salvajes, todo dentro de una geografía muy particular.

Por su parte, la ciudad de Saint Pierre que fue azotada por la erupción volcánica y la que fuera la primera fundación de Martinica, vamos a ver que aún sigue recuperándose lentamente de aquella tragedia volcánica, y de la cual han quedado como fiel testigos de esa vez,  la iglesia, el teatro en ruinas, y la cárcel con la celda. En ésta pequeña ciudad que en el pasado ostentó el título  de Paris de las Antillas, podremos encontrar el Museo de Vulcanología, con numerosos objetos petrificados.

Al otro lado del Monte Peleé hay otro sitio que fue también afectado por el volcán; Morne Rouge, desde donde los caminos transitan a través de la selva tropical. Hacia el norte, Macouba cuenta con una hermosa playa para bucear con estupendos panoramas. Luego, en el centro-este de la isla hay una extensa península llamada Caravelle, la cual nos ofrece la oportunidad de hacer deportes dentro de una zona declarada reserva natural, donde aparecen las curiosas ruinas de un castillo del siglo XVIII, con una gran historia acerca de sus nobles propietarios.

Hacia el sur hay lugares realmente encantadores, lleno de historias, y sobre la costa,  pintorescos pueblos de pescadores. Hacia el sudoeste se localizan sin lugar a dudas las mejores playas para surf y náutica, y donde se concentra la actividad hotelera. Point du Bout es un lugar donde vamos a encontrar mucha animación, con gran cantidad de barcos en su marina y un hermoso campo de golf. 

En la península del sudeste se localiza Les Salines, una de las mejores playas de Martinica, y un lugar un tanto curioso, puesto que el clima árido de esta zona hace que el cielo permanezca soleado cuando en el resto de la isla dominan las nubosidades.

fotos knulp71

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